Un día más con los Amigos y Poesía contra el coronavirus
ÚLTIMA HORA:
Ayer al mediodía, cuando estaba ultimando este artículo, pegaron en la puerta, y era mi vecina Charo, que traía un bollo de pan, recién hecho.
Un bollo de verdad, con una miga para mojar en huevos de dos yemas, o en cualquier salsa, o untarle manteca colorá .
Muchas gracias Charo.
No sólo de poesía vive el hombre. También podéis luchar contra el coronavirus, con panes, dulces y bizcochos caseros.
Ya sabéis, mi portero electrónico es el segundo, empezando por abajo.
Vamos al alimento espiritual:
María Ángeles Andrades, recita con su dulce voz, Tu nombre,
poema de mi libro Poesía del desencanto.
He hundido mi dedo en la arena,
y con surcos he puesto tu nombre.
Ha durado tan solo un segundo,
lo ha borrado una ola atrevida.
He gritado en lo alto del monte,
pronunciando muy claro tu nombre.
Y una enérgica racha de viento
lo ha robado del aire enseguida.
He grabado con una navaja,
en el tronco de un árbol, tu nombre.
Y la savia que brotó al momento,
lo cubrió para toda la vida.
Con un trozo de duro metal,
he tallado en la roca tu nombre.
Y al quitar una arista salida
he debido de dar un mal golpe…
Pues la piedra en pequeños fragmentos,
por los suelos ha quedado esparcida
Dejaré te nunca, de mi libro Poesía del desencanto, recitado
por mi amiga Tere,
Piedras brillantes.
El agua: de la mar.
Caudal constante,
mi amarga soledad.
Escucha el caminante,
el aire de la montaña.
Silbido desafiante,
que siempre me acompaña.
La sal: de tu llanto.
La música: tus caderas.
Llegado el desencanto,
¿serás mi compañera?
Malagueño: el cielo.
Tu risa: celeste.
Por qué tanto velo,
¿para no poder verte?
Tu ausencia: el infierno.
Tu cuerpo: la avaricia.
En verano, en invierno,
tu boca me desquicia.
¿Quizás te quede un beso?
Despréndete de él.
En la distancia pienso,
que saciará mi sed.
¿Tendrías dos caricias?
Acércate a mi cuerpo,
la aventura que inicias,
será eterna en el tiempo.
¿Te sobran tres palabras?
Al revés, grítalas juntas.
¿por qué no me las das?
¡Dejaré te nunca!
Y, para acabar, Sin… otro poema de mi libro Poesía del desencanto,
recitado por mi ángel de la guarda…
Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
Jornadas de Recuerdo y Reconciliación en honor de los que perdieron la vida en la segunda guerra mundial.
Seguimos luchando con el coronavirus, y que mejor arma que
la poesía.
Vuelve la vida, es un poema que escribí para este diario.
El mundo no gira, se inmoviliza,
para vencer a un virus coronado,
que cobarde, y en silencio, se desliza,
entre miles de seres contagiados.
La soledad del enfermo en
aislamiento.
se combate con un suero de
poesía.
Estrofas y rimas, al momento,
le permiten vivir un nuevo día.
Letras y palabras, por la vía,
entran goteando en las venas,
e inundan el cuerpo de alegría,
expulsando al desánimo y la pena.
El virus se contagia de poesía.
Rebosan las calles y avenidas,
recobrando la fuerza y la
energía.
El retorno triunfal: vuelve la
vida.
La Playa
de mis sueños, es un poema que escribí para el libro Poesía del desencanto.
Lo recita, un gran amigo mío, “El Migue”, fundador y alma
del Club Gálica de Tenis de Mesa, del Palo.
Jugamos los Martes y Jueves, de 6 a 8 de la tarde en el CEIP Jorge
Guillén PUA.
Es otro luchador incansable por los pasos de cebras.
Paseo por la orilla de la playa.
Las olas, suavemente,
cosquillean mis pies descalzos.
La arena, blanda y húmeda,
es una senda hacia el infinito.
El sol, que aún no calienta,
vigila sigilosamente,
mi lento caminar.
Me inquieta la soledad.
Nadie sigue mis huellas.
De repente, ante mí,
una diminuta,
pero hermosa concha.
¡Ya no estoy solo
en la playa de mis sueños!
La oración del tiempo es uno de mis poemas preferidos, lo
escribí para mi libro Otra manera de vivir.
Y dice así:
Yo soy el
presunto asesino
de mis horas
muertas.
Soy el cruel
carcelero
de mi tiempo
libre.
El explorador
y aventurero
de mi tiempo
perdido.
Viajo en el
tiempo,
pasado por
agua.
Me entierro en
horas y minutos.
No se si
resucitaré al tercer día,
en el cuarto
oscuro
o en el quinto
pino.
Conjugo el
tiempo verbal.
En un
pretérito,
sería
pluscuamperfecto.
Yo había sido.
No soy, solo
fui.
Y a lo mejor
seré.
Y cuando el
verbo
se haga carne,
pararé el
tiempo,
para amarte
por siempre,
Amén.
Lo recita mi prima Isabel, la maestra de la familia, mi
hermana del alma.
Hoy celebramos el día de Star
Wars, para nosotros La Guerra
de Las Galaxias.
Se estrenó en 1977, creado por
George Lucas.
Hoy quiero presentar dos nuevas entregas de Amigos y Poesía
contra el coronavirus.
Desde Estepona, mi primo Juan Andrades, otro creativo e
investigador de las nuevas tecnologías. (Un poco pirata si que es).
Con voz metálica, robotiza el poema Composición Química de
Amor Abstracto, de mi libro Poesía del Desencanto.
Los cuerpos infectados se aproximan.
Infiltran tus tejidos secretores,
mi surtidor de células aisladas.
Composición simbiótica de amor abstracto.
Glándulas amor-eternas esparcidas,
epidemia de sexo germinado,
bacterias amorosas irreversibles.
Composición química de amor abstracto.
Un virus debilita los tejidos,
moléculas de cuerpos agotados.
Seis años propagando los gemidos,
Y aún los corazones, no parados
resisten el fuego bacteriano
que abraza a los dos enamorados
JJ Méndez, el tío de la barca, como me gusta llamarle, Incansable
en el remo de su Jábega La
Espaílla,
Gracias por invitarme a remar en tu barca malagueña,
surcamos la bahía en una tarde apacible, bajo un cielo y una luz
extraordinaria. Un sueño más, cumplido.
Recita 10.000 Razones para amarte, de mi libro, Otra manera
de vivir.