Fin de esta Semana Santa, extraña, de confinamiento en el
hogar.
A ver si este encierro nos sirve para reflexionar y ser
mejor persona.
Jesús ha resucitado y se pasea por Málaga, acompañado de
nazarenos de todas las Cofradías, con sus túnicas rojas, azules, celestes,
verdes, moradas, Burdeos, blancas y negras.
Un paseo alegre y colorido. (Este año 2020, el paseo es triste, solitario: en blanco y negro)
El desfile está formado por una representación de nazarenos y enseres, de cada una de las hermandades y cofradías agrupadas.
Pronto acabará este
mal sueño y saldremos a las calles, y visitaremos a las iglesias, para
encontrarnos con nuestros Cristos y Vírgenes, a los que no pudimos ver por las calles.
Es el momento de hacer balance de lo vivido durante la
semana, de seleccionar las fotos, de recordar instantes y sensaciones.
Los Sábados Santos suelo aprovecharlos para descansar. Pero sobre todo, tengo la ocasión de ver, más tranquilo, las fotos tomadas durante la semana, y hacer los primeros retoques y montajes de vídeos.
Descubres pequeños gestos y detalles de las velas, nazarenos, hombros de tronos y público.
Recordaremos la Semana Santa del 2020, como la que no fue.
No ha habido reparto de túnicas, ni se tallaron los hombres
de tronos, una Semana sin traslados, sin sillas en el recorrido oficial, sin
flores ni velas, sin bandas de música, sin oraciones ni promesas, sin salidas,
desfiles ni encierros.
Menos mal que existe la red y hemos podido visionar la Semana Santa de otros años,
sentados frente a la pantalla del ordenador, esperando que el coronavirus pase
de largo.
La música es parte esencial de los desfiles. Una buena banda acompañando a un trono es la guinda, la emoción y el empuje, para el lucimiento.
Me viene a la memoria, el Sargento Villegas, desfilando por la Alameda, único, redoblando el tambor en la banda de la Cruz Roja.
Personaje, menudo, inseparable y virtuoso del mencionado instrumento.
Nosotros tuvimos sillas en la Alameda, segunda fila, frente a la ONCE.
Después de muchos años, hemos estado en la rotonda del Marqués de Larios y frente a Casa Mira, en la calle Larios, unos privilegiados...
El bullicio, la música, la alegría, se tornan en un viernes
de silencio y recogimiento. Del cante y baile, se pasa a la oración
tradicional.
Monte Calvario, Descendimiento, Dolores, Amor, Santo
Traslado, Piedad, Sepulcro y Servitas.
Vía Crucis en el Monte Calvario, limones cascarúos, Descendimiento, de vuelta por la acera del Parque, Piedad del barrio del Molinillo, silencio sepulcral, cuando pasa el
Sepulcro y las velas de Servitas, en una ciudad a oscuras, rezando el rosario.
Recomiendo, el Viernes Santo, visitar las iglesias y
contemplar a las Vírgenes de luto.
Otro día muy grande, La Cena, Vera Cruz, Misericordia, Viñeros, Santa
Cruz, Zamarilla, Mena y Esperanza.
La Cena,
con sus trece figuras, cenando sobre los hombros de los hombres de trono.
(Cuando yo era chico, salían el Domingo de Ramos. Pero cualquier noche es buena
para salir a cenar)
El Chiquito baja al centro de la ciudad desde el barrio del Perchel, antaño con ejército de la aviación.
Hay un revuelo por las calles, va a pasar la legión, suena
la corneta y comienzan a cantar el novio de la muerte, la oración de
los Caballeros Legionarios dedican a su Cristo de la Buena Muerte.
La leyenda del bandido Zamarrilla.
Juan Zamarrilla era un famoso bandido de Igualeja, en la
Serranía de Ronda.
En 1800, durante el reinado de Carlos III, sus andanzas
corrían de boca en boca.
Al mando 50 hombres era
generoso y entregado a los pobres. De cada robo una parte la repartía
entre los pobres de cada pueblo, y así su leyenda fue aumentando haciéndose
cada vez más querido y admirado.
Su audacia crecía, sus fechorías llegaban hasta los límites
de la capital, Málaga. Intentaron capturarlos, pero no lo encontraban.
Pasó el tiempo, y finalmente cerca de Antequera consiguieron
acorralarlo y mataron a todos sus hombres. Huyendo se topó con una ermita en el
monte. Dentro estaba María Santísima de la Amargura, la imagen que está ahora en
Málaga.
Los soldados rodean la Ermita, Zamarrilla se encierra
dentro.
Desesperado, se postra frente a la Virgen, y llorando le
pide su perdón y su ayuda. Cuando ve que están a punto de entrar, el bandolero
se oculta bajo el manto de la Virgen, muy pegado a ella. Los soldados entran, pero
no lo encuentran.
Después de un buen rato, extrañados por el misterio, se
marchan, y allí queda, libre y a salvo.
El bandolero, se acerca a la Virgen, la mira con ojos de
agradecimiento, y saca de su zurrón lo único que en ese momento ya le quedaba:
una rosa blanca. Cogiendo su propio puñal, lo clava con la rosa en el pecho de
la Virgen, y entonces, atónito y con lágrimas en los ojos, asiste al milagro:
la rosa blanca se tiñe en roja.
El suelo de Málaga se convierte en una alfombra aromatizada
de romero, para que la pisen el Nazareno del Paso y la Virgen de La Esperanza.
El Nazareno del Paso, que llevé tres años sobre mis hombros,
da la bendición al pueblo de Málaga, en la tribuna oficial y en la de los Pobres.
Varios años, también, paseé el trono de la Virgen de la Esperanza, por las
calles de Málaga.
Y, entre sus varales, sentí el significado de la Semana Santa, en las miradas de
miles de personas, hacia la
Virgen.
Un sentimiento que no se puede expresar, hay que vivirlo.
Un recuerdo para mi tío Pepe Martos, portador y capataz del
trono de La Esperanza.
"Jueves Santo malagueño. “El trono
de La Esperanza”
acaba el recorrido oficial, y yo, por una promesa cumplida, en medio de 260
hombres, estoy viviendo un sueño. Desde mi puesto veo la campana dorada, se
mueve, mecida suavemente al son de la marcha procesional.
-Medio pasito a la izquierda.
Grita el capataz.
Suena un toque de campana, el
mayordomo la sujeta y deja de vibrar.
-Mu despacito, sin tirones.
Las barras del palio, en intenso vaivén,
alborotan las morilleras
Y las cinco toneladas toman la
curva imposible de calle Calderería con Tejón y Rodríguez.
Una delicada brisa, amenaza a la
candelería y trae olor a azucenas y a romero… Entonces, percibo que el gentío
no fija su mirada en el oro, ni en marfiles y bordados.
La multitud, mira las negras
pupilas de la Virgen,
buscando el consuelo, la paz, el alivio, la ilusión… y la ESPERANZA."
Salvación, Salesianos, Fusionadas, La Paloma, El Rico, La Sangre y Expiración.
No hay que perderse Fusionadas, con cuatro tronos, y los
paracaidistas desfilando con su Cristo de Ánimas y Ciegos.
Autora del vídeo: Claudia Maldonado Andrades
Las palomas revolotean, en calle Larios, alrededor del trono
de su Virgen.
Ntro. Padre Jesús de la Puente del Cedrón, le precede.
Mi primo Alejandro es cabeza de varal.
El Rico libera a un preso.
Cuenta la leyenda que durante el reinado de Carlos III, hubo
una gran epidemia de peste, por lo que los tronos quedaron sin hombres
dispuestos a salir en procesión.
Pero los presos salieron de la cárcel, para ser ellos los
que cargaran, sobre sus hombros, con los sagrados titulares de la hermandad.
Cuando finalizó el desfile, todos los presos volvieron por
su propio pie a la prisión, sin faltar ni uno solo.
Por esta muestra de fe y compromiso, su majestad Carlos III
concedió a Ntro. Padre Jesús "El Rico" el poder de cada Miércoles
Santo liberar a un preso como agradecimiento a aquellos hombres que pese a sus
pecados mostraron arrepentimiento y fe.
El caballo de la Sangre levanta sus patas en
oración.
La Guardia Civil
desfila con la Expiración,
cerrando la noche del Miércoles Santo.